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Cusco en el cine – Junio 2012
Jun 5

Ciclo junio 2012 – Movie Club: “A la vista será”
Fecha y horarios: jueves – 7:15 p.m.
Lugar: biblioteca ICPNA (Av. Tullumayu 125)
Titulo del ciclo: “Cusco en el cine”
Tema para analizar: Cuatro miradas cinematográficas del “ombligo del mundo”
Jueves 7
“Kukuli” (1961) de Luis Figueroa Yábar, Eulogio Nishiyama y César Villanueva
País / Duración: Perú / 63 minutos
En medio de la hermosa naturaleza del Cuzco vive una pastora de ovejas y llamas que tiene por nombre Kukuli. Un día, ella se pone bonita, se arregla la pollera, sus abuelos le regalan un collar; ocurre que Kukuli va ir a Paucartambo para la fiesta de la Virgen del Carmen. Pone en su espalda una manta con regalos para los paisanos y en su montera unas margaritas silvestres para que todos sepan que ella se encuentra soltera y anda llamando al amor…
Jueves 14
“Bala perdida” (2001) de Aldo Salvini
País / Duración: Perú / 105 minutos
“X” llega con sus amigos a Cusco. La idea es pasarla bien los días que dure su permanencia en esa ciudad mágica y que tiene la característica de las ciudades del sur del Perú (esa mezcla de misterio y suspenso en sus calles). Un tipo Charly le pinta el otro lado de la ciudad (ese lado salvaje y oscuro), X está dispuesto a probar de todo, con tal van a ser sólo unos días los que esté en Cusco, tiene que aprovechar al máximo.
Jueves 21
“Kuntur Wachana – Donde nacen los cóndores” (1975) de Federico García Hurtado
País / Duración: Perú / 86 minutos
Saturnino Huillca, viejo chamán indígena, llega al Valle Sagrado de los Incas en el Cusco, con el propósito de organizar un sindicato y preparar a los campesinos para recuperar sus tierras. Contacta con Mariano Quispe, anciano pastor de ovejas, organizan la “invasión” y emprenden la lucha reivindicativa. Quispe muere envenenado, se desata la represión y el sindicato es aniquilado…
Jueves 28
“Postales” (2010) de Josh Hyde
País / Duración: USA / 80 minutos
“Postales” cuenta la historia de encuentros y desencuentros entre dos jóvenes peruanos y dos adolescentes estadounidenses que visitan la capital de los incas por un viaje de negocios de su padre, quien está comprando, para construir un hotel, el solar donde viven los “chibolos” con los que ellas han entablado amistad.
Modalidad: Ingreso libre.
Fotograma: “Postales” (2010) de Josh Hyde visto desde acá
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Contracorriente o el mar sobre tu cuerpo
May 4
El escritor cusqueño Jorge Alejandro Vargas Prado comparte con nosotros el texto que él escribió a propósito de la proyección de la película peruana “Contracorriente”(2009) de Javier Fuentes-León en el Video Club AlaVistaSerá el día jueves 3 de mayo del 2012.

Contracorriente: la negación de las costumbres o el mar sobre tu cuerpo
Por Jorge Alejandro Vargas Prado
Contracorriente es una película que me ha conmovido siempre porque es mar. Porque puede convertirse en un amplio y liso terreno azul sobre el pecho de aquel que quiera escuchar o abrir los ojos que es lo mismo que abrir el pecho. Porque se hace bote, se hace pisco, se hace arena, se hace las axilas de Miguel o el rostro de Santiago. Porque nos pone dentro de la cáscara de Miguel o de Santiago y así comprendemos un poco más el mundo que, aunque nos quieran hacer creer que es horrible, está también lleno de amor a punto de estallar. Considero que la historia es cautivante y dolorosa y que se teje a partir de un nudo que pasa casi desapercibido: la negación de las costumbres en un pueblo que cree todavía en la magia. El considerar los “conocimientos mágicos” (herencia cultural de aquel pueblo de la costa peruana) como simples creencias, tonterías o –en palabras de Santiago– cuentos provoca un castigo que se resuelve sólo cuando esas “creencias” se legitiman.
Antes de volver sobre este tema quería comentar detalles técnicos que provocan ver esta película con fruición. Existe una simetría en los elementos de color muy cuidada que le otorga a la cinta ese equilibrio de mar extenso. Por ejemplo, cuando se hace la entrega del cuerpo del primo de Miguel, el ritmo constante de personas vestidas tanto de negro como de blanco, así como las combinaciones de ropa (blanca y negra) en una sola persona, le otorga una sensación de armonía o de paz a las imágenes casi sin que nos demos cuenta. Del mismo modo, las personas –al menos en color– se mimetizan con el ambiente de arena, mar o cielo y noche. Arena por el color de delicioso pan tostado sobre las pieles y mar o cielo y noche por la ropa blanca, celeste, azul o negra que predomina entre las personas del pueblo.
Punto aparte merece la espléndida actuación del actor boliviano Cristian Mercado quien sobre sus anchas espaldas lleva el peso dramático de la película como su personaje lleva en procesión los muertos que tienen que ser entregados para su descanso eterno.
Quisiera hablar ahora de los espacios donde se va mostrando el amor entre los dos personajes. El primer encuentro que nos muestra la película se realiza en un espacio que en el pueblo está reservado para los machos y donde se aceptan sólo comportamientos de machos. Por eso, la presencia de Santiago (por su actitud más tranquila y el rumor que ya se ha corrido por el pueblo) es incómoda para los amigos de Miguel que no aceptan sus cervezas. Mientras más “culturales” sean los espacios donde ambos personajes se encuentran, más restringido será su contacto. Por ello, donde se nos muestra el primer roce de piel es un espacio construido del pueblo, pero que está abandonado. Luego, muy simbólicamente, es el cementerio de embarcaciones, un espacio donde las actividades del pueblo vivo están, efectivamente, muertas. Y la cúspide del amor de esos cuerpos explota donde ya no hay presencia cultural en una playa lejana, donde no hay más fronteras construidas (ni físicamente ni en el imaginario), donde se es libre o natural. Es decir, el amor es más intenso mientras menos presencia cultural física existe. Un elemento importante para el encuentro es el alcohol que está relacionado, por un lado, con el ambiente macho del bar (cerveza) y por el otro con la liberación de los verdaderos sentimientos (pisco). Entonces, vemos una doble liberación en Miguel para consumar sus deseos: el nudo de su sociedad y su propio nudo a través del alcohol y de su huida de la cultura.
¿Qué pasa entonces cuando Santiago muere? Su alma no se puede ir porque no se le ha entregado al mar a través de un ritual donde la palabra y la formalidad son muy importantes para su éxito. Considero que técnicamente es aquí donde estalla el conflicto y, por lo tanto, es el inicio formal de la película. Creo que esta imposibilidad de ser libre del alma de Santiago funciona en forma de “justicia divina” no sólo por la negación de las costumbres del pueblo, sino especialmente por el desdén y soberbia mostrados por él. Cuando Santiago le cuenta a Miguel que en una foto tomada en la entrega de su primo se le ve muy serio, Miguel le responde: “Hay que hacerlo en serio, si no, su alma no descansa” A lo que la conversación continúa: “¿Tú en verdad crees en ese cuento?” y es aquí donde, como una maldición, Santiago sentencia lo siguiente: “No escupas al cielo que te puede caer en la cara”.
Con el alma errante de Santiago todo parece solucionarse para Miguel, pues se abre la oportunidad de llevar con normalidad su matrimonio, su paternidad y su relación con Santiago. Es decir, sólo cuando se ha trasgredido los órdenes del tiempo y del espacio a través de la muerte es posible un mundo feliz, pero insincero, para Miguel. Es en ese momento cuando encuentra el cuerpo de Santiago atrapado entre unas rocas debajo del mar, sin embargo, su satisfacción es tan plena que decide egoístamente amarrarlo y continuar con su tranquilidad a pesar del sufrimiento del Santiago errante.
Cuando todo parece estar bien. Aparece una chiquilla, heredera de una sociedad hipócrita, chismosa, mal intencionada y traidora representada en su madre. Ella, de casualidad, encuentra en la casa de Santiago los cuadros donde Miguel aparece desnudo, prueba casi irrefutable de su relación. Junto a su madre, reparte el rumor (impulsada quizás por el rechazo de Miguel hacia ella) convirtiéndolo en un elemento indeseado en el pueblo que, no olvidemos, vive también en doble moral pues en una escena de iglesia, los que han hecho actos en contra de la moral cristiana se ven recibiendo la hostia. Ya que su relación todavía le sigue causando desgracias a Miguel decide, por fin, entregar su cuerpo, pero no lo encuentra donde lo había amarrado, sumiéndose en una profunda depresión que expondrá sus sentimientos y se los revelará a su mujer.
Tiempo después, cuando el pueblo va olvidando la historia y comienza a aceptar la “normalidad” de Miguel, el grupo de pescadores amigos encuentra el cuerpo de Santiago. Parece entonces haber una convención para que Miguel no se entere y es justamente la muchacha que desencadenó la separación entre Miguel vivo y Santiago errante, quien decide –arrepentida– solucionar lo que ella había causado y le cuenta a Miguel. Esta noticia es determinante en la decisión de Miguel de aceptar su relación homosexual ante el pueblo y de liberar por fin el alma de Santiago a través del cumplimiento de sus costumbres mágicas.
Miguel se enfrenta al pueblo que parece nuevamente despreciarlo mientras carga el cuerpo de Santiago. Sin embargo, será también la muchacha quién –en un forcejeo con su madre– seguirá la procesión convenciendo a otros a hacerlo, representando así la negación a su herencia hipócrita y mal intencionada, pero revitalizando a su vez las costumbres mágicas de su pueblo.
Entonces, las actitudes tanto de Miguel como de la muchacha proponen la idea de una cultura que puede aceptar ciertos componentes que se han mantenido siempre ocultos bajo una moral discriminatoria y excluyente, pero que también mantiene sus costumbres y conocimientos mágicos que la alejan de la deshumanización y la soberbia del conocimiento científico.
Para finalizar, sólo quisiera que nos pongamos a pensar en la reacción de los pobladores si Miguel hubiera cometido “otro” crimen. Si hubiera sido sorprendido robando, o quizás acostándose con otra mujer, o hasta matando a otra persona. ¿Qué habría hecho su esposa?, ¿qué le hubieran dichos sus amigos?, ¿qué hubiéramos sentido los espectadores?
No vaya a ser que en nuestra cultura la violencia se haya naturalizado tanto que el correr de la sangre sea un espectáculo de entretenimiento más y que, ahora más que nunca, el amor nos cause un irremediable terror.
Foto: César Alberto Venero Torres
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El que calla otorga: