De un tiempo a esta parte en nuestra ciudad se registra un apabullante incremento de las mal llamadas “revistas de sociales”: Algunas de nombres muy fáciles (Cusco Social), otras de famosas reminiscencias pétreas (12 ángulos) y las más audaces se mandan con neologismos (Cuscopólita),  pero eso sí, todas estas publicaciones o se pasan por debajo de las puertas en urbanizaciones como Mariscal Gamarra, Larapa, Manuel Prado y un fichoso etcétera, o se reparten gratuitamente (“sin compromiso, amigo”) en los negocios más prósperos de nuestro tugurizado Centro Histórico. Bueno, eso era hasta hace unas semanas cuando aterrrizó JETSET, una revista  elaborada por un grupo de emprendedores muchachos (algunos conocidos) que ambicionaron un poco más y vieron al léctor cusqueño como un sujeto aspiracional (ese que compraría el último IPHONE 3G,  sacaría la camioneta Toyota para comer en el Taytafe y  luego ejercitaría su ego metrosexual en el Premiun Gym). Chévere ahí, pero creo que hablamos de una minoría (y para colmo de males que no lee ni los recibos).

Mejor revisemos el contenido: Si no fuiste invitado al “quince” de Pamela Carreño o al “matri ” de Nelly Soto y Walter López, descuida hay otras cosas resaltantes: La nota nostálgica de Luis Hernán Figueroa sobre el hogar que deja en la Plaza de Armas, las imágenes de Christian Quispe sobre fauna y flora en plena selva del Manu, el uso caleta del google de Claudia Loayza para su artículo sobre las costumbres navideñas locales y la sesión fotográfica de esa lolita de Checacupe llamada Arianne Villafuerte.

Ya lo sabes 5 soles y  te alucinarás recontra V.I.P. Sí claro…

Foto (de Arianne Villafuerte en la portada): Luis Hernán Figueroa. Extraída de acá.

Texto: César Venero

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