Archivos de 17 Agosto, 2010
Gas en Kepashiato
Ago 17
EL Lic. Hugo Gonzales Sayan, Presidente del Gobierno Regional del Cusco, informó que este jueves 19 de agosto se suscribirá en la Presidencia de Consejo de Ministros el convenio para la ejecución de la Planta de Fraccionamiento de GAS en Kepashiato, entre el Gobierno Central, El gobierno Regional del Cusco, La Municipalidad Provincial de la Convención y la Municipalidad Distrital de Echarate.
El expediente técnico de esta obra será financiado por el Ministerio de Energía y Minas, quien convocará a la realización de los estudios técnicos.
Texto: Paulina Núñez
Imagen de acá
Popularity: 17% [?]
Cándidos y candidatos
Ago 17
Guía práctica para elegir candidato
Hace muchísimo tiempo, cuando en el Perú había partidos políticos y nuestro equipo de fútbol clasificaba a los mundiales, elegir por quien votar era relativamente fácil. Esto dependía básicamente de nuestra opción ideológica: si éramos de derecha, de izquierda o de centro. En cada franja del espectro político había dos, máximo tres opciones, y alguna nos resultaba más atrayente, sea por el carisma del candidato, sea por su trayectoria o sea porque confiábamos no solo en él sino en el equipo que lo rodeaba. De un tiempo a esta parte, sin embargo, cuando el número de postulantes a cada puesto supera largamente la decena y casi todos son un verdadero enigma, el pobre elector está ante una decisión desesperada. Intentemos presentar, para ayudarlo, algunos tipos de candidatos y la manera cómo conquistan al elector.
El técnico
Ahora que los políticos gozan de una merecidísima mala fama, abundan estos candidatos que exhiben sus pergaminos de ingenieros, economistas, administradores de empresas o alguna otra carrera lejana de las ciencias sociales o el derecho, que antaño eran las canteras de donde salían los dirigentes políticos. El no haber concluido estudios universitarios no es un obstáculo para los candidatos de este tipo pues todavía pueden alegar amplia experiencia como técnicos en el sector público o gerentes en la empresa privada. Además, como cierto popular alcalde, pueden matricularse en alguna universidad privada para recibir su cartón sin necesidad de asistir a clases.
De este tipo de candidatos cabría esperar toda una visión de desarrollo regional o de ciudad, pero en realidad sus propuestas, cuando las tienen, apuntan a temas muy específicos como, por poner un ejemplo, la construcción de una moderna planta de incineración de basura. Como ni periodistas, ni electores, ni otros candidatos están informados de si esta es realmente una buena opción para el problema de los residuos, el técnico los deja mudos a todos. Además, para rematar la faena y terminar de confundir lanza duras críticas contra los politiqueros. En realidad, son las críticas contra los políticos, tradicionales o no, el arma principal con la que los técnicos convencen a los electores. Y a su vez les resulta fácil ponerse a salvo de las críticas porque quién, en pleno siglo XXI, va a estar en contra del manejo técnico de lo que sea, desde una planta de incinerar basura hasta una municipalidad o un gobierno regional.
El exitoso
En un país de perdedores, resignado ya a que su selección de fútbol sea la última de Sudamérica, los exitosos, los de veras exitosos, están como encima de un pedestal, inalcanzables para el resto de mortales que ya ni a envidiarlos nos atrevemos. Estos triunfadores en el terreno que sea –el deporte, los negocios, el espectáculo, el periodismo– suelen llegar a la política como invitados de alguna agrupación política. Imaginamos que su razonamiento es el siguiente: soy tan buena voleybolista o mi noticiero de radio tiene tanta sintonía que me merezco más que cualquier politicucho ser regidor o parlamentario.
El mayor éxito de los exitosos radica en que, por alguna extraña razón, los electores no nos ponemos a pensar en que la función pública no solo no es un premio para los merecimientos en campos ajenos a ella, sino que demanda una preparación y unos conocimientos específicos. ¿Será que tal es el influjo del éxito en los perdedores que estamos como hipnotizados? ¡Vaya uno a saber!
Digamos en honor a la verdad, sin embargo, que no todos los exitosos son aprovechadores. Los hay sumamente honestos que creen que pueden trasladar su éxito en un campo determinado al de la política. Entre estos los que más abundan son los empresarios que creen que las bondades del manejo gerencial se pueden aplicar sin más trámite en una provincia, una región o un país. Ahí tenemos, para no tocar carne aquí mismo, el ejemplo de Sebastián Piñera, el multimillonario que ahora ocupa la presidencia de Chile. Muchos alegarán que, por lo menos, los millonarios ya no tienen necesidad de robar, pero lo que hace el magnate Silvio Berlusconi en Italia parece desmentirlos: el poder puede servir para favorecer aún más los negocios.
El radical
En países como el nuestro, donde unos pocos tienen demasiado y la gran mayoría poco o nada, siempre hay caldo de cultivo para el descontento. Este el alimento de los radicales y lo que les gana simpatías en amplias capas de la población. Su típico modo de operar es ponerse a la cabeza de un frente de defensa de cualquier cosa, por ejemplo de los intereses de un una zona, un distrito o una provincia, sin perder de vista en ningún momento eso sí la defensa de sus propios intereses. También abundan los radicales entre los hombres de prensa, quienes aprovechan la pluma, el micrófono o el set de televisión para denunciar los supuestos tejes y manejes de las autoridades y para hacerse eco de los reclamos de la población, tenga o no razón.
La experiencia reciente enseña, sin embargo, que no es esto lo más criticable de los radicales. Quizás su verdadero talón de Aquiles es que su desmedida capacidad para la crítica, que nadie se atrevería a negar, no va acompañada de por lo menos una pizca de formación para elaborar propuestas propias o escuchar las ajenas, rodearse de un equipo solvente, simplemente gestionar mal que bien una municipalidad o un gobierno regional. No. Los radicales u opositores lo son al parecer en estado puro. Y ni bien dejan de ser opositores, simplemente se convierten en cero.
El voluntarioso
Pocos somos concientes de ello, pero la política es en realidad una actividad muy voluntarista; es decir, en la que muchas cosas dependen del empeño de una o varias personas. El ejemplo más claro de ello, y a la vez más penoso, es el de Sendero Luminoso, una pequeña agrupación que se tragó el discurso delirante de su líder y que llegó a poner en jaque al Estado peruano. Abimael Guzmán se creía el líder de la revolución mundial, logró hacer creer eso a la gente de su entorno y juntos hicieron correr ríos de sangre.
Voluntades fuertes no abundan, pero tampoco son tan raras. Además, no es que todos los voluntariosos quieran hacer la revolución mundial. Se contentan con mucho menos, una alcaldía distrital o a lo mucho una provincial, y por lo mismo necesitan tan solo una pequeña dosis de voluntad, de carácter, de perseverancia, de claridad de miras, todo eso en medio de un mar de gente (todos nosotros) que peca de apatía, pasividad, falta de confianza en sí misma. Un voluntarioso pues puede conformar un movimiento, poner plata de sus bolsillos o de las personas a las que ha convencido para pintar su nombre en las paredes y lucir su retrato en afiches y carteles, sintonizar con propuestas elementales con el estado de ánimo de un sector de la población y llegar finalmente al sillón municipal. ¿Para qué?
Puede darse el caso de que el o la voluntariosa lleguen al gobierno local con ánimos de realizar un gestión por lo menos digna, pero más común suele ser que asuman la función pública con intenciones, por decirlo suavemente, oscuras. Entonces optarán por un manejo poco transparente y utilizarán todos esos mecanismos tan bien aceitados que existen para engañar el control público, como las comisiones por lo bajo de todo tipo de contratistas. ¿Se puede sacar del cargo a algún voluntarioso o voluntariosa que hace eso? Casi imposible. Siempre es su palabra contra la palabra del empresario primero favorecido y después perjudicado por las comisiones. Tal es la razón, además, por la que a los voluntariosos les gusta repetir el plato y por la que su ejemplo se contagia peor que gripe porcina. “Si ese o esa pudieron hacerlo, ¿por qué yo no?” –debe ser el razonamiento de los voluntariosos.
El freak
Desde los tiempos en que Laura Bozo mostraba en su programa de televisión a personas capaces de lamer sobacos sudorosos, los peruanos nos hemos ido ganando fama internacional de “freaks” o “frikis” como dicen los españoles, palabreja del inglés que se usa para designar a quienes se distinguen por lo raro, grotesco, extravagante, esperpéntico. Por la misma época, una vedette que fue elegida parlamentaria por el solo mérito de mostrar en la nalga su número de lista, les abrió a toda clase de freaks el camino a la política.
¿“El solo merito” hemos dicho al referirnos a Susy Díaz? Nos retractamos. Para provocar a la sociedad y a los guardianes de la decencia hay que ser lo menos valiente y no temerle al ridículo. Y es seguramente en premio a esta osadía que un sector de los electores antisistema, aquellos que no apuestan por el outsider de turno, le da su voto a los freaks más provocadores. En estas elecciones, se está haciendo famoso el candidato a la alcaldía de Maynas (Iquitos) Charles Zevallos, del Movimiento de Integración Loretana (MIL), quien en los mítines recibe besos en la boca y prendas íntimas de sus seguidoras. Otros freaks como él deben estar ya ganando adherentes en distintos lugares del país y no sería raro que la Tigresa del Oriente deje la música y, con la fama internacional conquistada en Youtube, se convierta pronto en la presidenta regional de Loreto.
Otros tipos
La tiranía del espacio no nos permite agotar el catálogo de candidatos, por lo que mencionamos algunos tipos más solo de pasadita. Allí está, por ejemplo, el visionario, candidato que ofrece obras faraónicas, por lo general de pésimo gusto y nula utilidad. O el ingenuo, quien se lanza sin paracaídas a la política, por su cuenta o convencido por algún grupo que no tiene suficientes adeptos ni para completar una lista, y se pega tremendo contrasuelazo. No falta tampoco el candidato tradicional, el que es miembro de alguno de los partidos sobrevivientes de la época pre Fujimori y cree que, cual Lázaro, puede resucitar de entre los muertos.
Mención especial merece el “principista”, así entre comillas pues lo es en el sentido que le daba al término el cómico norteamericano Groucho Marx, quien afirmaba muy orondo: “Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros.” El candidato “principista”, que ya todos conocemos, cambia de carro en cada elección con tal de seguir conservando el puesto de parlamentario o regidor. Claro que una vez conseguido esto, se olvida para siempre del partido o movimiento que le dio la posibilidad de ser elegido.
Finalmente tenemos al reciclado, ese candidato con larga trayectoria política o incluso con un período parlamentario o una o dos gestiones municipales o regionales en su haber que, tras cambiar la ideología por el pragmatismo, insiste en postular nuevamente pero sin llegar a sintonizar con el humor del electorado. ¿Por qué secreta razón? Tal vez porque el veleidoso votante el único poder que tiene es el de castigar a los que alguna vez gozaron de su favor, así no lo hicieran mal cuando estuvieron en la función pública.
¿Por quién votar entonces? Difícil, recontra difícil saberlo. Nuestro único consejo es por eso que nos encomendemos al cielo antes de depositar el voto en las urnas.
Imagen de acá (grande Cherman).
Popularity: 49% [?]



El que calla otorga: