Esperando un futuro mejor.

A una hora de la ciudad del Cusco, se encuentra uno de los lugares más postergados que hayamos conocido. Ccorcca es su nombre, y por si no lo sabian, es un distrito local. El camino para llegar es complicado, eres presa de despiadados mareos por lo accidentado de la ruta y tus huellas se marcan con polvo.

Una cadena de montañas rocosas sustenta el paisaje inicial del pueblo. Hoy domingo, Edgar Meza García, Alcalde del Ccorcca, espera impaciente la llegada de su homólogo cusqueño, para agradecerle por las obras de mejoramiento de un kilometro de la carretera que llega hasta casi la  única plaza. Cuando por fín se encuentran, sonrién como sólo lo hacen los colegas, luego cortarán cintas blanquirojas, martillarán vajijas chicheras y bajarán zigzagueando sobre el estrenado pavimento, al compás de esa banda contratada para la ocasión. No veré muchos pobladores entre la multitud, más serán los funcionarios de ambas municipalidades.

“Con el millón 324 mil 195 nuevos soles invertidos en esta vía se busca beneficiar a dos mil familias”. Mientras que las autoridades se esmeran en los discursos de rigor, decido recorrer algunas cuadras del distrito. En unos pocos pasos y segundos percibo que muchas casas lucen candados en sus puertas, no existen tiendas de abarrotes, el letrero de la calle Independencia apunta al suelo y un trio de ancianitas trata de descansar junto a granos de maíz  renegridos.

Averiguando con mi compañera bloggera (quien por trabajo estuvo en la zona) me entero sobre los altos índices de desnutrición de los niños y del alcoholismo de los adultos. La labor de un par de oenegés y programas gubernamentales parece no alcanzar en la busqueda por mejorar la calidad de vida de nuestros paisanos. Al volver al centro de la localidad, escuché esa frase que retumba hasta ahora en mi conciencia. “Ccorcca es parte del Cusco”. Y hoy lo visité por primera vez.

Texto y foto: César Alberto Venero Torres

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